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Las mismas razones

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(para celebrar mis sesenta y dos) "No encontrarás trabas en el camino si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita la emoción que toca el espíritu y el cuerpo". (Konstantino Cavafis, Ítaca)   Rayda Guzmán, Naufragios, 2019 Reservo un instante en este ciclo solar para pensar en lo que he vivido y si acaso he podido aprender algo que quiera compartir, pues no siempre lo que aprendemos es digno de tanto. Con sesenta y uno se inició un ciclo extraño en el que he sentido un ligero murmullo malicioso que ha querido llevarme a la inacción. No obstante, he sido prudente y antes de asustarme por nada, me he detenido a escuchar. Este murmullo arrastraba muchas voces que retrasaban el futuro con un terror espantoso y querían ahuyentar a la vida con números y probabilidades. No era fácil no sentir miedo, no era fácil quedarse sola frente al espejo sin saber si pronto o tarde saldría la carta de El Colgado. Es tiempo de agradecer todo lo que esas semillas alguna vez es...

El reflejo de tus ojos.

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(para celebrar mis sesenta y uno) "Entonces descubro que mi  vida tiene sentido cuando se refleja en tus ojos, porque  cierro los míos y te veo con total claridad."            Hace más de una década inicié esta costumbre de escribir para el día de mi cumpleaños una nota que he compartido con amigos a los que me habría gustado tener cerca en una gran fiesta. Lo entendí como una fiesta virtual, toda vez que el océano impedía tales encuentros. En estos escritos suelo celebrar lo que he aprendido durante ese año de vida, es una reflexión en la que comparto, no sólo  mi forma de ver la vida sino el modo como he aprendido a int egrar las diferencias surgidas del intercambio con los demás. Hoy, en medio de circunstancias excepcionales que quiero mencionar para que en un futuro no me olvide, celebro que he llegado a mis sesenta y un años. Hoy es un día claro y soleado, las nieblas que se suceden llevan la pátina de la declaración...

La nostalgia como visión de mundo

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“nostalgia de sentir tu risa loca…”     Somos seres irremediablemente anclados al pasado, es algo atávico y que justo por eso no se puede evitar. Se dice de vivir el presente –de eso ya he hablado y clasificado como una idea loca–, se dice de vivir proyectado o hacia el futuro, idea que no es loca pero que no se puede realizar sin una conexión con el tiempo actual. Y es por eso que siempre nos queda el pasado, siempre el pasado como problema. Ayer veía fotos de mi ciudad, de Caracas la bella. Alguno que no sea de allí dirá que exagero y que bella no es y tendrá razón: es caótica, peligrosa y sucia. Pero quien la ha vivido sabe de qué hablo. El caraqueño vive atado a su montaña que siempre y sin equivocarse le indica el norte, quizá por eso nos damos el lujo –muy a menudo- de perderlo. Vivir con esa montaña, vivir esa montaña vale todos los sacrificios, los peligros, los precios. Si tomas la Cota Mil , una autovía que la bordea hasta sacarte del valle puedes verla...