Cambio de piel


Cambio de piel
(para celebrar mi sesenta aniversario)


Las pérdidas generan dolor, las ganancias alegrías, y todo esto es la vida.
Rayda Guzmán

Rayda Guzmán, Natura (2019) acuarela s/ papel

Acostumbro a hacer un escrito celebratorio por mi cumpleaños, casi todos mis amigos lo saben, lo hago como quien hace un parte, una especie de estado de la cuestión.

Me levanto y, en mi cama con mi café, me doy cita con algunos pensamientos así celebro de manera íntima mi cumpleaños que luego se convierte en una fiesta virtual que, a través de la palabra, pretende convocar a todos aquellos que están lejos o cerca.

Hoy celebro mis primeros sesenta años. Durante años lo imaginé totalmente diferente a lo que soy hoy, los futuros son frágiles y los presentes sorprendentes. A los ojos de un pasado podría criticarlo: el pasado profesional, el pasado social, el pasado familiar, el pasado nacional no se parecen, en lo absoluto, a este presente. Parecería que todo aquello por lo que trabajé no se hubiera cristalizado sino al revés, se hubiera esfumado.

Hoy me toca vivir derrumbamientos dolorosos y transformaciones que jamás imaginé. Evaluados serenamente todos estos cambios, contrariamente, han generado situaciones vitales que hoy me dan paz, y no porque crea que todo lo que no mata fortalece, sino porque creo que he actuado en consonancia.

Lejos de mi país tuve que crecer como una planta que busca la fuente de luz, entonces mudé de piel, mis ojos se abrieron a la luz y, como una convaleciente acariciada por el tibio sol de la mañana me quedé con lo mejor que traía y con lo mejor que encontré: aguas turquesas para las tierras nuevas, nieblas luminosas para los recuerdos. Volví a los colores, las tintas y los sueños.

Hoy, en esta fiesta virtual, en la que cito a mis amigos y a la gente que quiero, en la que sueño con verles sonriendo y compartiendo. Una fiesta en la que reímos sin temporalidad, en la que paramos el reloj y nos recordamos como la última vez, en la que ninguno sufre ni hace sufrir, en esta fiesta imaginada y necesaria, quiero agradecer a todos en un brindis sin fin, el haber permanecido allí, en el recuerdo, a los márgenes, poniendo el hombro y la oreja o tendiéndome la mano para ayudarme a seguir. ¡Gracias!

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