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Comer y tolerar: crítica de la alimentación pura.

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Lo que no te mata te hace más fuerte.  (F. Nitezsche) Frutas (detalle) acuarela alla prima Una cosa ha llamado mi atención en estos días: la relación cada vez más enfermiza que tenemos con la comida. En Facebook me llega un video viral en el cual una niña de cinco años dice que nunca comerá carne. Otra vez, en la misma red social, una conocida empezó a acosarme porque colgué una foto de una parrillada que hice en casa, llegando al extremo de llenar mi muro de noticias en contra de la carne con una velocidad obsesiva y de escribirme mensajes para acabar llamándome idiota por no pasarme al vegetarianismo. Hace dos días veo en una revista una dieta de esas que te hacen perder catorce kilos en tres meses. Esto me hace pensar en qué nos está pasando con la comida. Es la primera vez en la historia que el ser humano puede elegir qué comer, desechar lo que no le gusta y sacrificarse por no comer, todo al mismo tiempo. Hubo épocas en las que esta elección no era posible...

Calor y filosofía

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Acuarela alla prima, Midi Pireneé, 2016 Los rayos casi blancos del mediodía caen sobre el campo cuyo ocre ha cedido a la incandescencia, el polvo arropa presuroso todo lo que encuentra a su paso. El azul del cielo es una ofensa para los azules fríos. La brisa quema… hace calor.Apetece algo frío que obligue a la temperatura corporal a replantearse lo que sucede. Pero ni los hielos, ni la resignación hacen variar la temperatura. Definitivamente, no se puede pensar con calor, ¿y me pregunto por qué? ¿Qué es lo que el pensamiento quiere para poder funcionar?  Es probable que la imagen del pensador coincida con la comodidad como ya lo estampó tan magníficamente Descartes en Las meditaciones Metafísicas : “Pero, aun dado que los sentidos nos engañan a veces, tocante a cosas mal perceptibles o muy remotas, acaso hallemos otras muchas de las que no podamos razonablemente dudar, aunque las conozcamos por su medio; como, por ejemplo, que estoy aquí, sentado junto al fuego, con ...

De la rutina

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“(…) el espíritu libre vuelve a acercarse a la vida, lentamente, casi a su pesar, desconfiando. Todo en torno de él parece que se hiciera más cálido, más dorado, por decirlo así; sus sentimientos y simpatías adquieren profundidad, brisas tibias pasan delante de él. Se encuentra en cierto modo como si se abrieran sus ojos por primera vez para apreciar las cosas próximas. Está maravillado y se recoge en sí mismo, silencioso: ¿dónde estaba, pues? Todas estas cosas próximas y contiguas, ¡qué cambiadas se le aparecen! ¡Qué encantos revisten para él ahora!” (F. Nietzsche, Humano, demasiado humano) Es normal cansarse de la rutina, por alguna razón todas terminan por aburrirnos o acaso por llevarnos a la pregunta de si se pueden cambiar. Otras veces, en tanto hemos hecho de ellas un amable ritual nos son imprescindibles. Cuando se hace un alto en las obligaciones cotidianas, ambos pensamiento chocan. Comenzar un período de vacaciones puede suponer también un pequeño estrés, ...

Aburrimiento, ocio y hastío

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Estudio en Le Racou (acuarela alla prima) Cuando pienso en el ocio, las primeras imágenes que vienen a mi mente son aquellas tardes de niñez en las que no sabía qué hacer porque estaba aburrida. Estaría en casa de alguna tía cuyos hijos al ser mayores que yo no servían como compañeros de juegos, y, como tampoco éra del barrio, en principio, jugar con otros niños no era una opción inmediata. Allí en la hamaca, bajo un guanábano veía ir y venir las moscas bajo un calor sofocante. A lo lejos se oían las conversaciones de los adultos y más cerca las de mi imaginación, que hoy recuerda al poeta que alaba a las moscas: “Moscas del primer hastío en el salón familiar/Aquellas tardes de estío en que yo aprendí a soñar.” Y sí, así aprendí yo a soñar. En ese ocio forzado, insufrible, caluroso y sediento se gestaron las ideas, se activó el mecanismo de la imaginación que me llevó lejos de allí. Era el   famoso aburrimiento al que se refiere Russell en La Conquista de la Fe...